Miriam Makeba (1932, Johannesburgo-2008-Castel Volturno, Italia). Probablemente
Miriam Makeba fue la primera voz africana que se popularizó en el mundo occidental tras su llegada a
Nueva York en noviembre de 1959 de la mano de
Harry Belafonte. Ella introdujo, con extraordinario éxito, la música africana en millones de no africanos. Había sido una popular cantante en
Sudáfrica y países cercanos desde 1953, pero en el exterior era totalmente desconocida. Ella cantó canciones con temas y ritmos
zulúes,
sotho y del folclore
xhosa. Hablaba una docena de lenguas y cantaba en muchas más puesto que utilizó temas de todas partes del planeta.
Miriam Makeba inventó un concepto llamado
world music que fue haciéndose popular.
En su primer año de estancia en
Estados Unidos no comentó sobre asuntos que afectaran al brutal racismo de Sudáfrica, pero a raíz de la masacre en
Shaperville en 1961 en que varios de sus familiares estaban entre las 69 víctimas asesinadas por la policía, ella inició su activismo político comprometido. Como consecuencia de ello le fue retirado su pasaporte sudafricano y no pudo volver a su país para el funeral de su madre. Fue declarada criminal por el régimen sudafricano y hubiera sido arrestada si hubiera regresado a su tierra. Ello provocó que se convirtiera en una heroína e icono de los derechos civiles.
Martin Luther King y
John F. Kennedy manifestaron su admiración por ella.
Sin embargo su boda en 1968 con el líder de las Panteras Negras
Stokely Carmichael (1941-1998) atrajo hacia ella la vigilancia del
FBI como sospechosa de pertenecer al
Comité de Estudiantes No-Violentos, una organización que se tenía por radical y opositora a la guerra del Vietnam y luchadora por los derechos civiles. Sus conciertos fueron suspendidos igual que se canceló la grabación de su nuevo disco, a pesar de que figuraba en la lista de los más populares en USA con el famoso
Pata Pata.
Aprovechando una invitación del presidente de
Guinea Conakry,
Sekou Touré, para residir en su país, trasladaron su casa al país africano donde vivieron hasta la liberación de
Nelson Mandela en junio de 1990.
Sekou Touré fue un dictador que ilegalizó a la oposición, pero tenía para la música un espíritu abierto y la favoreció en su país mediante el apoyo a cantantes, bailarines e interpretes, así como creó un estudio nacional de grabación de discos.
Miriam Makeba se encontró allí con un entorno floreciente de música africana que aprovechó para difundir su música por todo el mundo. Juntó un formidable grupo de músicos guineanos que la acompañaba y trabajó con los ballets africanos de
Guinea.
Hacia 1978
Makeba se divorció de
Carmichael aunque los dos continuaron viviendo en Guinea. En el país fue profundizándose la crisis económica y el régimen de
Touré se fue haciendo más represivo, hasta su muerte en 1984.
Makeba siguió cantando como embajadora de las Naciones Unidas y como principal crítica con el régimen sudafricano del
apartheid. Colaboró en 1987 con
Paul Simon,
Hugo Masekela y
Ladysmith Black Mambazo en una histórica gira mundial.
Con la liberación de
Nelson Mandela,
Makeba volvió a Sudáfrica tras treinta años de exilio. Cuatro años más tarde ella cantaba para millones de personas de todo el mundo por radio y televisión con motivo de la elección de
Mandela como presidente.
En ningún momento dejó de cantar, comprometida con la causa de los derechos humanos hasta su muerte reciente por un ataque al corazón con motivo de su intervención en un concierto en Italia a favor del escritor amenazado por la camorra
Roberto Saviano y en contra del racismo.
Su protagonismo, su popularidad y su intervención en la defensa de causas comprometidas con
África y los derechos humanos en el mundo, hizo que fuera llamada
Mama Africa.
Makeba murió prácticamente en el escenario. Se puede decir que su muerte ha sido muy sentida, pero qué mejor sitio para morir a los setenta y seis años que encima de las tablas cantando como siempre hizo. Nos queda su música y toda la escuela de cantantes y músicos que dejó que se declaran discípulos de ella.
Como aspecto discutible queda su estancia en
Guinea durante la dictadura de
Sekou Touré, presidente que la atrajo y mantuvo allí con generosidad, pero que no representa precisamente une ejemplo de la defensa de los valores democráticos.