CONTADOR DE VISITAS

lunes, 22 de diciembre de 2008

El colectivismo africano


En África apenas existe la propiedad privada. Sólo para lo imprescindible, pero todos saben que lo que se tiene es para compartirlo. Para bien y para mal. Cuando algún africano llega del campo a la ciudad lo primero que hace es localizar a alguien de su clan o de su tribu. No le costará demasiado encontrar a alguno de sus compatriotas. Se reconocerán y se darán un apretón de manos muy fuerte. Comenzará la fase de los saludos y dirán de quiénes son hijos y nietos, quiénes son sus hermanos y primos primeros y segundos… Recorrerán con grandes risas todas las ramas de la familia hasta hallar su grado de parentesco, que siempre lo hay. Entonces el recién llegado disfrutará de la hospitalidad del primero, sea en forma de un lugar para dormir o para compartir la comida, o lo poco que haya.

 Si alguno del clan tiene suerte y fortuna, en seguida se verá rodeado por todos sus familiares que irán a compartirla con él, y el se verá totalmente obligado –la palabra no es obligado porque forma parte de su modo de entender las cosas- a tener detalles con cada uno de sus familiares cercanos o lejanos. La vieja sabiduría dice que se ha de compartir todo lo que se tiene con los hermanos y con otros miembros del clan, o sea, con sus primos (el primo por parte materna es más importante que el marido). Si viaja de la ciudad al campo tendrá que llevar obsequios a todos los miembros de su clan lo que supone grandes gastos, que muestran su grado de bienestar material.

 Según cuenta Ryszard Kapucinski en Ébano, cuando él llegaba a un poblado y tenía sólo un caramelo para darles como regalo a los niños, éste era cogido por uno de ellos que lo partía con la boca dando a cada uno de los allí presentes un trocito del mismo. Ninguno entendía que debía apropiarse de él.

 El ser humano no se entiende en soledad. El ser humano es en compañía hasta las últimas consecuencias. Hasta después de la muerte. La peor tortura para un africano es encontrarse solo y no poder compartir o reír con los suyos. El individualismo es sinónimo de desgracia y de maldición. Sólo un clan organizado puede hacer frente a las adversidades de la fortuna. En una casa africana, por pobre que sea,  se vive con las puertas abiertas, éstas siempre están dispuestas a acoger a los que vengan, y la hospitalidad es sagrada. Al huésped siempre se le ofrece lo mejor, e incluso se lo quitarán de su boca para dárselo al que ha llegado.

 Sin embargo, a pesar de esto, en las ciudades africanas, cuando son algo mayores que un poblado, o son ciudades grandes, a estos valores se añaden otras lacras como son los hurtos que son muy frecuentes. El problema es que cuando se roba algo se está quitando algo imprescindible para sobrevivir. Hay mujeres y familias cuya única posesión es una olla con la que cuecen alimentos para vender en el mercado. Tiene esa olla y tres piedras que le sirven de soporte. Quitarle esa olla es quitarle más que la vida. Por eso cuando se descubre a un ladrón muchas veces es la policía quien lo tiene que proteger ante la furia  de la gente que quiere lincharlo. No hay peor delito en África que robar al que no tiene nada más que lo mínimo para sobrevivir.

 Los inmigrantes que logran llegar a Europa y pueden trabajar envían remesas de dinero a sus familias, y estas lo redistribuyen entre los familiares más cercanos. El regreso está vedado. Cuando dan el salto a Europa sólo pueden volver como visitantes para compartir su buena fortuna, que siempre será mejor que la de los que se quedan allí. Son el sostén de su familia. Por eso cuando en estas fechas llegan noticias de multitudes de africanos que deambulan por Jaén, o por Huelva en busca de una brizna de trabajo sea en la vendimia, la recogida de la aceituna o las fresas, siento una especial tristeza porque este año con la crisis no hay trabajo para los extranjeros. Supongo que es normal que si lo hay, sea para los españoles, pero no deja de ser una terrible desgracia para ellos y para todos los que dependen de los que están aquí. El trabajo de los inmigrantes es una de las formas mejores de redistribución de la ayuda a África, mejor que los programas de solidaridad promovidos por las Naciones Unidas y por ONGs. La crisis a los que primero golpea es a los más frágiles, que son el eslabón más debil de la cadena. 

martes, 16 de diciembre de 2008

El tiempo africano

Para intentar acercarnos a la cosmovisión africana hemos de considerar que la vida –según su punto de vista- es esencialmente religiosa y el individuo está sumergido en una participación que comienza antes de su nacimiento y continuará después de su muerte. Vivir es estar inmerso en un drama religioso y todos los acontecimientos del vivir tienen una vinculación a lo sagrado. Los nombres tienen significados religiosos, el sonido del tam-tam es también un lenguaje religioso y un eclipse es un mensaje a los hombres. No hay desvinculación en ningún momento de la vida con lo religioso.

 Para los africanos el tiempo tiene asimismo una dimensión religiosa y no lo conciben como lo entendemos los occidentales. Nosotros acotamos el tiempo en segmentos, días, horas, minutos, segundos… Pensamos que el tiempo existe fuera de nosotros como magnitud objetiva y tiene una dimensión lineal. El occidental vive angustiado por el paso del tiempo, es su súbdito. Tiene que respetar plazos y horarios. No puede existir fuera de los engranajes del tiempo y esto le supone un conflicto en que inevitablemente el ser humano es derrotado y aniquilado por el fin que es la muerte, el fin de su tiempo, el fin de todo.  

 Para los africanos el tiempo no tiene una existencia objetiva fuera de nuestros actos. Las cosas no existen en el tiempo sino que el tiempo existe porque existen nuestros actos. Es consecuencia de ellos. No tiene existencia si no le prestamos atención, podemos incluso hibernarlo si no le proporcionamos energía. Por eso es tan frecuente encontrarse con imágenes de africanos sentados o de pie sin realizar ninguna actividad en un estado que parece de ensoñación. Según nuestra visión están perdiendo el tiempo, pero la realidad es que están esperando al tiempo, o bien en el estado de producir el tiempo.

 Para un africano el tiempo futuro es difícil o casi imposible de imaginar fuera de unos meses como máximo. La dimensión del futuro es extremadamente corta y no ofrece interés para ellos. No hay palabras en las lenguas africanas para acontecimientos remotos en el futuro. El africano vive en el presente (Sasa) y en la repetición cíclica de los acontecimientos (el día, la noche, la estación de lluvias o seca). Cada año se sucede incrementando la dimensión pasada del tiempo. La eternidad es algo que sólo existe en el pasado (Zamani). El presente se diluye en el Zamani, el macrotiempo por excelencia, el territorio del mito que da fundamentación y seguridad al periodo del Sasa. Por eso el tiempo africano se proyecta fundamentalmente en el pasado y no en el futuro. En este sentido, los africanos alcanzan su plenitud en la ancianidad, cuando están más cerca de los antepasados, y se hallan más  integrados en un universo espiritual. No existe el mito de la juventud. De hecho un niño que nace no es totalmente humano no cuando su nacimiento, sino que tiene que pasar los ritos de pubertad e iniciación, el casamiento y tener hijos sin los cuales no es en su totalidad.

 En el concepto tradicional africano no existe una historia que se mueve hacia delante en dirección a un punto culminante o hacia el fin del mundo. Por eso los pueblos africanos no tienen noción de progreso, no hay un camino o una idea de desarrollo que lleve de unos niveles inferiores a unos superiores. No se planifica el futuro. El centro de gravedad para el pensamiento y los actos del hombre es el periodo de Zamani hacia el cual se mueve el Sasa. No hay un mundo que ha de venir como para el cristianismo y el judaísmo.

 La historia africana está llena de mitos, mitos del origen, de la creación, el primer hombre, la retirada de Dios del mundo, el origen de la tribu… La gente mira siempre hacia atrás, hacia el Zamani, tiempo en el que se integran los fallecidos que no dejan de existir como lo entendemos nosotros. Siguen vivos como muertos vivientes en el recuerdo, junto a los espíritus, y a veces se aparecen a los ancianos de la tribu, nunca a los niños. El fluir de la historia, de la repetición cíclica del tiempo, va camino del pasado y no del futuro. Los ciclos no tienen fin: nacimiento, matrimonio, procreación y muerte así como las estaciones y años que se van integrando en el Zamani.

 Cuando alguien muere, esa persona sigue teniendo existencia mientras hay alguien que puede recordarlo. Por eso se les ofrecen libaciones o comida. Y en este sentido hay que entender su concepción de incomprensible hacia alguien que no se casa o no tiene hijos. No hay peor tragedia porque si no tiene familiares cercanos que le recuerden después de su muerte se extinguirá como una llama. Casarse es un deber, y si un hombre no tiene hijos o sólo tiene hijas, buscará otra mujer que le dé hijos que le sobrevivan y le guarden en un estado de inmortalidad personal.

 Un muerto nunca estará en el cielo o en el paraíso. Siempre estará en la tierra.

 Supongo que de estas reflexiones se deriva la importancia de la tradición en el mundo africano y la carencia del sentido de progreso y la falta de planificación en las sociedades africanas… El hombre europeo va a la búsqueda del tiempo, siempre mira hacia delante. El hombre africano es lento y repetitivo: lo hizo mi padre, y el padre de mi padre… El sentido del tiempo es el drama y la riqueza de los pueblos africanos. 

BIBLIOGRAFÍA:

John MBITI, Entre Dios y el Tiempo. Religiones tradicionales africanas. Editorial Mundo Negro.

Ryszard KAPUSCINSKI, Ébano. Editorial Anagrama. 

Apuntes de charla de Inongo VI MAKOME

jueves, 11 de diciembre de 2008

África en el corazón

Como veis he abierto un blog titulado Cuadernos africanos iniciando así una nueva etapa bloguera. Quiero presentároslo y explicar el porqué de mi fascinación por África, aunque nunca he estado allí. No he estado allí pero África ocupa un lugar en mi corazón, como he visto que lo ocupa en todos los que sí han estado. En esto hay unanimidad. He hablado con o leído a periodistas, a misioneros, a viajeros, a estetas, a personas de organizaciones solidarias. África marca profundamente a todo el que se acerca a ella. África son sus gentes, África son sus paisajes, África es la música, África es una cierta concepción del mundo espiritual y unitaria frente a un mundo occidental decadente y fragmentario. Me siento cómodo en el mundo africano. Cuando un africano me da la mano siento una calidez y una paz que no siento siempre cuando me la da uno de aquí. Es difícil de explicar.

 Yo estuve unos años practicando zen. Me pasaba muchas horas en meditación sentado en posición de cuarto de loto. Durante la meditación el godo leía algún texto. Una vez me puse a practicar zazen pero no podía olvidar un pensamiento de Taizen Deshimaru, el monje que trajo el zen a Europa, que se refería a África. Se preguntaba ¿Y si el futuro estuviera en África? No recuerdo muy bien el origen de la meditación, pero me dije ¿Africa? Pero si África es un continente hundido, mísero, en la ruina. Taizen Deshimaru probablemente se refería a la fuerza espiritual de los africanos. Aquello se quedó en mí y años después cayeron en mis manos algunas obras de literatura africana como El fuego de los orígenes de Enmanuel Dongala, nigeriano. Me hizo pensar en otra cosmosvisión. 

Con motivo del nacimiento de mi segunda hija, cerca de la clínica, encontré una librería. En ella había en el escaparate un libro que me llamó poderosamente la atención. Se titulaba Cuadernos africanos de Alfonso Armada, del que este blog ha tomado el nombre, porque fue ese libro el que me abrió las puertas de lo africano. Se centraba en el genocidio tutsi de 1994. Recuerdo que lo viví lejanamente como lo vivió Occidente. Pero en los meses de abril y mayo de ese fatídico 1994 cerca de un millón de tutsis y hutus moderados fueron masacrados. Repasar aquellas fechas terribles me supuso una revisión de toda mi visión de África. ¿Qué continente era aquel que podía producir una matanza de aquellas dimensiones y a la vez revelara una tan gran fuerza humana para enfrentar la desgracia? ¡África se hace en la adversidad! Todo en relación a África es extraordinario: su crueldad pero también su humanismo y su generosidad, su propensión al diálogo y al encuentro y también a la atrocidad. No hay continente tan desgraciado como África pero tampoco tan rico en valores humanos. 

Seguí indagando fascinado en el tema. Descubrí el arte tradicional africano representado en máscaras y fetiches. ¡Qué fuerzas tan poderosas había encarnadas allí! En Barcelona hay una tienda llamada Africa negra donde tienen una exposición de arte tradicional africano. Las máscaras son terroríficas y oscuras. Un día le pregunté al dueño de la tienda por el sentido de aquellas máscaras. Él, que es un africanista reconocido en el mundo intelectual, no me quiso contestar. Me dijo que leyera libros sobre ello. Es lo que hice. Me empapé de lecturas en museos de antropología y etnología. Descubrí un mundo insospechado detrás de aquellas máscaras que no eran sino carcasas vacías colgadas de una tienda oscura de la calle de Banys vells de Barcelona. Aquellas máscaras representaban algo más profundo en su origen cuando fueron creadas sin ninguna voluntad artística. Aquellas máscaras evocaban a los espíritus y tenían una función de comunicar al mundo de lo visible con el mundo de lo invisible. Formaban parte de un rito sagrado del que se habían desgajado cuando alguien las había traído de allí y las había colgado en una tienda. Formaban parte de un mundo de creencias inmateriales en la comunicación con el más allá, que en el caso de África está también aquí.

 Lo dejo aquí. No quiero hacer este post más largo de lo necesario. Seguiré en los próximos días hablando de mi descubrimiento de África. Los que gustéis de saliros de caminos trillados seguid hablando conmigo. Esto es un círculo de conversaciones. El mayor placer que existe en África no es consumir. Es hablar, conversar. Nada vale más que una buena conversación con tiempo indefinido. Hay tiempo. Los africanos son muy pobres, terriblemente pobres, pero son ricos en lo que a nosotros nos falta tanto, el tiempo. El tiempo en África fluye de forma distinta. Su concepción del tiempo no es lineal como la nuestra. De ahí su fuerza y su condena en un mundo moderno. Seguiremos conversando. Sentaos aquí y hablad. Os escuchamos atentamente. 

martes, 9 de diciembre de 2008

Mama África


Miriam Makeba (1932, Johannesburgo-2008-Castel Volturno, Italia). Probablemente Miriam Makeba fue la primera voz africana que se popularizó en el mundo occidental tras su llegada a Nueva York en noviembre de 1959 de la mano de Harry Belafonte. Ella introdujo, con extraordinario éxito, la música africana en millones de no africanos. Había sido una popular cantante en Sudáfrica y países cercanos desde 1953, pero en el exterior era totalmente desconocida. Ella cantó canciones con temas y ritmos zulúes, sotho y del folclore xhosa. Hablaba una docena de lenguas y cantaba en muchas más puesto que utilizó temas de todas partes del planeta. Miriam Makeba inventó un concepto llamado world music que fue haciéndose popular.

En su primer año de estancia en Estados Unidos no comentó sobre asuntos que afectaran al brutal racismo de Sudáfrica, pero a raíz de la masacre en Shaperville en 1961 en que varios de sus familiares estaban entre las 69 víctimas asesinadas por la policía, ella inició su activismo político comprometido. Como consecuencia de ello le fue retirado su pasaporte sudafricano y no pudo volver a su país para el funeral de su madre. Fue declarada criminal por el régimen sudafricano y hubiera sido arrestada si hubiera regresado a su tierra. Ello provocó que se convirtiera en una heroína e icono de los derechos civiles. Martin Luther King y John F. Kennedy manifestaron su admiración por ella.

Sin embargo su boda en 1968 con el líder de las Panteras Negras Stokely Carmichael (1941-1998) atrajo hacia ella la vigilancia del FBI como sospechosa de pertenecer al Comité de Estudiantes No-Violentos, una organización que se tenía por radical y opositora a la guerra del Vietnam y luchadora por los derechos civiles. Sus conciertos fueron suspendidos igual que se canceló la grabación de su nuevo disco, a pesar de que figuraba en la lista de los más populares en USA con el famoso Pata Pata.

Aprovechando una invitación del presidente de Guinea Conakry, Sekou Touré, para residir en su país, trasladaron su casa al país africano donde vivieron hasta la liberación de Nelson Mandela en junio de 1990.

Sekou Touré fue un dictador que ilegalizó a la oposición, pero tenía para la música un espíritu abierto y la favoreció en su país mediante el apoyo a cantantes, bailarines e interpretes, así como creó un estudio nacional de grabación de discos. Miriam Makeba se encontró allí con un entorno floreciente de música africana que aprovechó para difundir su música por todo el mundo. Juntó un formidable grupo de músicos guineanos que la acompañaba y trabajó con los ballets africanos de Guinea.

Hacia 1978 Makeba se divorció de Carmichael aunque los dos continuaron viviendo en Guinea. En el país fue profundizándose la crisis económica y el régimen de Touré se fue haciendo más represivo, hasta su muerte en 1984. Makeba siguió cantando como embajadora de las Naciones Unidas y como principal crítica con el régimen sudafricano del apartheid. Colaboró en 1987 con Paul Simon, Hugo Masekela y Ladysmith Black Mambazo en una histórica gira mundial.

Con la liberación de Nelson Mandela, Makeba volvió a Sudáfrica tras treinta años de exilio. Cuatro años más tarde ella cantaba para millones de personas de todo el mundo por radio y televisión con motivo de la elección de Mandela como presidente.

En ningún momento dejó de cantar, comprometida con la causa de los derechos humanos hasta su muerte reciente por un ataque al corazón con motivo de su intervención en un concierto en Italia a favor del escritor amenazado por la camorra Roberto Saviano y en contra del racismo.

Su protagonismo, su popularidad y su intervención en la defensa de causas comprometidas con África y los derechos humanos en el mundo, hizo que fuera llamada Mama Africa. Makeba murió prácticamente en el escenario. Se puede decir que su muerte ha sido muy sentida, pero qué mejor sitio para morir a los setenta y seis años que encima de las tablas cantando como siempre hizo. Nos queda su música y toda la escuela de cantantes y músicos que dejó que se declaran discípulos de ella.

Como aspecto discutible queda su estancia en Guinea durante la dictadura de Sekou Touré, presidente que la atrajo y mantuvo allí con generosidad, pero que no representa precisamente une ejemplo de la defensa de los valores democráticos.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Un comienzo

Este es un blog que tiene como objetivo profundizar en lo africano: en su literatura, arte, pensamiento, música, historia, fábulas,  cosmología, modos de vida, condiciones económicas y sociales, situación de la mujer... En general todo tipo de reflexiones que lleven a considerar a África como un continente productor de energía creativa. No eludiremos sus gravísimos problemas de los que hablaremos pero consideraremos también con especial énfasis sus aspectos positivos. Creo que la alegría es inherente a lo africano. África es la cuna de la humanidad y ofrece extraordinarios valores humanos y artísticos que no se suelen tener demasiado en cuenta. 

Es para mí un placer dar comienzo a esta nueva etapa con un blog que revela uno de mis intereses más queridos. Espero que algunos podáis compartir conmigo esta pasión.